Estupideces en la Semana Santa

POR CRISTHIAN JIMENEZ.- El recogimiento absoluto dio paso a las actividades recreativas y a las visitas a las ciudades de origen. Aprovechamiento de días no laborables distintos al período legal de vacaciones. Playas, ríos y ron, respetando el tradicional sermón. Ese equilibrio fue resquebrajándose con el tiempo hasta estallar en mil pedazos, sin importar los tiempos de crisis.
La Semana Santa es ahora desbordamiento infernal, con su secuela de muertos y heridos, sin que operara como freno de los desplazamientos el brutal aumento de los combustibles y la incertidumbre económica fruto de la guerra en Medio Oriente.
No sé si reír o llorar ante el “record histórico de tránsito vehicular”, presentado oficialmente con entusiasmo, que estableció un flujo vehicular de miércoles a viernes que superó en un 32.8 por ciento el registrado en el mismo período del 2025.
El gobierno dispuso un aumento de 5 pesos para los diferentes tipos de gasolina y gasoil del 14 al 20 de marzo, con un subsidio de RD$1, 180.8 millones de pesos. Para la semana del 21 al 27 el alza fue de 10 pesos en los citados combustibles con un subsidio de RD$1,189.8. Congelados los precios del 28 de marzo al 3 de abril, con subsidio de RD$1,682 millones y del 4 al 10 de abril con RD$1,912 millones. Preferible un gasto de RD$3,594 millones de pesos a otro abril 1984, sería el razonamiento.
El presidente Luis Abinader al explicar los impactos locales de la guerra, planteó que buscaría recursos de ajustes gubernamentales para proteger a los sectores más vulnerables, pero que habría que asumir sacrificios. La oposición respondió que el gobierno no hace lo suficiente y una mayoría ciudadana decidió irse a disfrutar del asueto, sin importar la resaca económica.
Las autoridades desplegaron un sólido operativo a nivel nacional, pero el desbordamiento fue de tal magnitud que en lugares como Las Terrenas, parecía que el control era del tigueraje violento. Hubo negocios que cerraron y algunas calles fueron convertidas en pasarelas de lo grotesco.
Frente al letrero de arco de bienvenida “Las Terrenas, ciudad de Dios”, se concentraron centenares de motociclistas exhibiendo botellas de alcohol, mujeres en los techos de los vehículos y desfilando en trajes de baño y enmascaradas. Daba la impresión de que sería mandar al mundo la peor imagen del hermoso y tranquilo pueblo, envidiable punto turístico.
Tommy Christie, un norteamericano viajero latinoamericano subió el Viernes Santo el siguiente post a su cuenta de X:
“Consejo útil para viajeros latinoamericanos:
No vengan a Las Terreras, República Dominicana, durante la Semana Santa.
Esta época dista mucho de ser sagrada. Es diabólica, ruidosa, llena de borracheras y nada recomendable si lo que buscas es tranquilidad, naturaleza y relajación.
Soy amigo de varios dueños de cafés y restaurantes de aquí, y casi todos cerraron sus negocios debido a la naturaleza de los turistas y la gente que viene aquí.
No es un buen ambiente”.
El daño está hecho y no es culpa del viajero “gringo”, como se autodefine, sino de miles de desaprensivos y de la imposibilidad de contención del desorden. Y eso que, afortunadamente y enfrentando a un corillo de irresponsables, el ministerio de Interior prohibió fiestas públicas y privadas en zonas de playas y ríos.
Miles de esos sujetos violentos y de fácil borrachera llenaron las carreteras, elevando el riesgo en las vías con aporte significativo a la contabilidad mortífera de los lunes posteriores al feriado “santo”. Imágenes en diversos medios y plataformas dan cuenta de las aventuras más peligrosas e irresponsables propias de sujetos bajo los efectos de alcohol y drogas narcóticas.
Después de todo, contados 891 mil vehículos al cruzar los peajes de miércoles a viernes, evidencia que la virgencita nos protege…





